Inflación imprevisible: ¿cómo proteger la cartera?

La inflación no tiene por qué mantenerse elevada, pero sí podría ser cada vez más difícil de prever. En este contexto, los bonos ligados a la inflación pueden desempeñar un papel estratégico en las carteras de inversión.

Las tensiones geopolíticas, la seguridad energética, la reorganización de las cadenas de suministro y el aumento de la inversión en infraestructuras e inteligencia artificial están transformando las perspectivas de inflación. Lejos de volver necesariamente a la estabilidad de precios que caracterizó la década anterior a la pandemia, los inversores podrían tener que acostumbrarse a un entorno de mayor volatilidad e incertidumbre.

En un nuevo episodio del podcast Talking Heads de BNP Paribas Asset Management, Andy Craig, codirector del Investment Insights Centre, conversa con Elida Rhenals, codirectora de estrategias de inflación y gestora sénior del equipo de renta fija global, sobre el papel de los bonos ligados a la inflación en este nuevo escenario, su funcionamiento y las oportunidades que ofrece una gestión activa con perspectiva global.

Un cambio estructural en el comportamiento de la inflación

Las recientes perturbaciones en el estrecho de Ormuz han vuelto a poner de manifiesto la rapidez con la que un acontecimiento geopolítico puede alterar las perspectivas económicas. El encarecimiento de la energía ha obligado a los bancos centrales a reconsiderar unas expectativas de política monetaria que, a comienzos de año, parecían relativamente claras.

Sin embargo, para Rhenals, el debate sobre la inflación va mucho más allá de las últimas tensiones energéticas. La geopolítica, las inversiones relacionadas con el cambio climático, la política fiscal y el creciente gasto en infraestructuras e inteligencia artificial son factores que podrían contribuir a una mayor volatilidad estructural de los precios.

La cuestión no es tanto que la inflación vaya a mantenerse permanentemente elevada, sino que el abanico de posibles escenarios se ha ampliado.

Este cambio tiene implicaciones para la construcción de carteras. En lugar de considerar los bonos ligados a la inflación como una inversión táctica ante un repunte puntual de los precios, los inversores pueden incorporarlos como un componente estructural de sus carteras de renta fija o multiactivo.

Además, las valoraciones ofrecen ahora un punto de partida más favorable. Las rentabilidades reales se sitúan en niveles significativamente más atractivos que durante buena parte de la última década, lo que permite combinar la posibilidad de obtener una rentabilidad real positiva con protección frente a una inflación superior a la prevista.

¿Cómo funcionan los bonos ligados a la inflación?

A diferencia de los bonos convencionales, los bonos ligados a la inflación ajustan sus flujos de caja en función de la evolución de un índice de precios. Así, el principal o los cupones se actualizan de acuerdo con la inflación registrada, compensando al inversor por la subida de los precios a lo largo de la vida del bono.

Sin embargo, conviene aclarar una idea habitual: los bonos ligados a la inflación no se revalorizan automáticamente cada vez que sube la inflación. Su comportamiento depende fundamentalmente de dos factores:

  • Las rentabilidades reales. Al igual que ocurre con otros bonos, su precio aumenta cuando las rentabilidades reales disminuyen y cae cuando estas suben. La intensidad de estos movimientos depende de la duración del bono, es decir, de su sensibilidad a las variaciones de los tipos de interés.

  • La inflación frente a las expectativas del mercado. Los bonos ligados a la inflación tienden a comportarse mejor que los bonos nominales comparables cuando la inflación supera las expectativas que ya estaban descontadas en sus precios. Si resulta inferior a lo previsto, sucede lo contrario.

Aquí entra en juego un concepto fundamental: la inflación implícita o breakeven inflation. Se calcula aproximadamente como la diferencia entre la rentabilidad de un bono público convencional y la de un bono ligado a la inflación con un vencimiento similar, y permite estimar qué nivel de inflación está descontando el mercado.

Rhenals señala que las expectativas de inflación futura reflejadas en los precios de mercado se sitúan ligeramente por encima del 2%. En su opinión, una inflación que se mantuviera por encima de esos niveles podría generar oportunidades de inversión.

Por tanto, no basta con anticipar una determinada tasa de inflación: lo importante es valorar si será superior o inferior a lo que ya descuenta el mercado.

¿Por qué invertir con una perspectiva global?

Aunque la inflación es un fenómeno mundial, no evoluciona de la misma manera en todos los países.

Estados Unidos, la zona euro y el Reino Unido pueden encontrarse en distintas fases de sus ciclos de inflación y política monetaria. Las causas de las presiones inflacionistas también pueden variar entre regiones, haciendo que las oportunidades de inversión cambien con el tiempo.

Rhenals recuerda que los bonos estadounidenses protegidos frente a la inflación, conocidos como TIPS (Treasury Inflation-Protected Securities), ofrecieron oportunidades en torno al denominado Liberation Day del año pasado, mientras que las recientes tensiones energéticas han desplazado el interés hacia los bonos ligados a la inflación de la zona euro y el Reino Unido.

Por ello, adoptar una perspectiva global permite acceder a un universo de inversión más amplio, aprovechar las diferencias entre mercados y diversificar las fuentes de exposición a la inflación.

Gestión activa: controlar los riesgos y aprovechar las oportunidades

La elección del mercado es solo una parte de la decisión de inversión. También es necesario tener en cuenta los vencimientos, la duración de los bonos y las expectativas de inflación que ya están incorporadas a sus precios.

Los índices de bonos ligados a la inflación utilizados en la gestión pasiva suelen ponderar sus componentes en función del volumen de deuda emitida o de su capitalización de mercado. Sin embargo, esta composición no tiene por qué coincidir con las oportunidades más atractivas desde el punto de vista de la inversión y puede implicar una elevada sensibilidad a los movimientos de los tipos de interés.

La experiencia de 2022 ilustra la importancia de este riesgo. Un inversor que busca protegerse frente a la inflación no necesariamente desea asumir la elevada exposición a los tipos de interés que pueden presentar los bonos de mayor duración.

Por este motivo, Rhenals muestra preferencia por los vencimientos más cortos de la curva, que permiten mantener exposición a la inflación y, al mismo tiempo, limitar parte de la volatilidad asociada a los bonos de mayor duración.

La gestión activa ofrece además la posibilidad de ajustar las posiciones entre países y vencimientos, gestionar la sensibilidad a las rentabilidades reales e identificar mercados en los que las expectativas de inflación resulten atractivas en relación con las perspectivas económicas.

El objetivo no es reproducir automáticamente la composición del mercado de bonos ligados a la inflación, sino identificar dónde se considera que la remuneración obtenida compensa mejor los riesgos asumidos.

¿Qué deben tener en cuenta los inversores?

El entorno actual pone de relieve tres aspectos relevantes a la hora de valorar una inversión en bonos ligados a la inflación:

  • Una protección que va más allá del corto plazo. La mayor incertidumbre sobre la evolución de los precios refuerza el argumento a favor de considerar estos bonos como parte estructural de una cartera, y no únicamente como una respuesta táctica ante un repunte de la inflación.

  • Unas rentabilidades reales más atractivas. A diferencia de lo ocurrido durante buena parte de la última década, los inversores pueden aspirar a obtener rentabilidades reales positivas sin renunciar a la protección frente a una inflación superior a la esperada.

  • La importancia de seleccionar dónde y cómo invertir. Las diferencias entre mercados, vencimientos y expectativas de inflación ofrecen oportunidades que una gestión activa y global puede tratar de aprovechar.

Como explica Rhenals, este enfoque permite delegar en el gestor decisiones como qué mercados priorizar, qué vencimientos seleccionar o cuándo modificar la exposición.

En un entorno en el que la inflación resulta cada vez menos predecible, la pregunta para los inversores ya no es únicamente cuándo protegerse frente a ella, sino cómo integrar esa protección de forma eficiente en su estrategia de inversión a largo plazo.

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