Menos duración, más oportunidades: el atractivo del crédito europeo a corto plazo

En un entorno marcado por la volatilidad de los tipos de interés, la incertidumbre geopolítica y las dudas sobre el rumbo de los bancos centrales, el crédito europeo de corta duración puede ofrecer una combinación difícil de ignorar: menor sensibilidad a los movimientos de los tipos, potencial de generación de rentas y acceso a un mercado amplio y líquido.

Cuando aumenta la incertidumbre, reducir el riesgo suele convertirse en una prioridad para los inversores. Pero reducir riesgo no tiene por qué significar renunciar a buscar rentabilidad.

Esa es, precisamente, una de las razones por las que consideramos especialmente interesante el momento actual para el crédito europeo de corta duración.

Las estrategias de corta duración se concentran en bonos con vencimientos inferiores a tres años y, en nuestro caso, suelen mantener una duración media de aproximadamente entre 1,5 y 2 años. Esto reduce significativamente la sensibilidad de las carteras frente a las variaciones de los tipos de interés en comparación con los bonos de vencimientos más largos.

Pero quedarse solo con esa característica sería contar únicamente una parte de la historia.

Menor sensibilidad a tipos, pero también potencial de rentas

La duración mide, simplificando, cuánto puede variar el precio de un bono ante cambios en los tipos de interés. Cuanto mayor es la duración, mayor suele ser esa sensibilidad.

Por eso, cuando las rentabilidades de los bonos soberanos a largo plazo suben con fuerza, los activos de menor duración tienden a estar más protegidos.

Esto resulta especialmente relevante en el contexto actual. Los inversores se enfrentan simultáneamente a inflación, tensiones geopolíticas, incertidumbre sobre la política monetaria y nuevas necesidades de financiación vinculadas a tendencias estructurales como la inteligencia artificial.

Ante este panorama, las duraciones cortas pueden ayudar a limitar las caídas de las carteras y gestionar mejor la volatilidad.

No obstante, nuestro objetivo no consiste simplemente en minimizar riesgos. Adoptamos un enfoque que podríamos definir como risk aware: asumir riesgo allí donde consideramos que está adecuadamente remunerado y apoyarnos en una selección rigurosa de emisores y bonos.

La otra cara de la estrategia es, por tanto, la generación de rentas.

En el momento de esta conversación, los rendimientos se situaban en torno al 3,3% en el crédito investment grade europeo y cerca del 5% en high yield, con una duración inferior a dos años en ambos casos.

Desde una perspectiva histórica, siguen siendo niveles interesantes.

Un mercado cercano al billón de euros

A veces las duraciones cortas se asocian a un universo de inversión pequeño o con pocas posibilidades para diversificar. La realidad del mercado europeo es bastante diferente.

Aproximadamente un tercio del universo de crédito investment grade en euros presenta una duración inferior a dos años, lo que supone cerca de un billón de euros de valor nominal.

Esa profundidad es importante.

Un universo amplio permite diversificar entre sectores, compañías, estructuras de capital y emisiones. También proporciona una liquidez que resulta especialmente valiosa cuando aumenta la volatilidad en los mercados.

En nuestro caso, la estrategia de crédito investment grade de duración corta gestiona alrededor de 3.500 millones de euros e invierte en más de 250 bonos correspondientes a más de 150 emisores o referencias diferentes.

En high yield, donde la gestión de la liquidez cobra todavía mayor importancia, la estrategia supera los 1.700 millones de euros.

Pero el tamaño del mercado no elimina la necesidad de ser selectivos.

La rentabilidad no procede únicamente de la duración

En renta fija, puede resultar tentador pensar que gran parte de la rentabilidad depende simplemente de acertar hacia dónde van los tipos de interés.

Nuestro enfoque es diferente.

En las estrategias de crédito de duraciones cortas, una parte fundamental del potencial de generación de rentabilidad procede de la selección de sectores, emisores y bonos concretos.

Analizamos dónde vemos mejores oportunidades sectoriales, decidimos cómo posicionarnos entre deuda sénior y subordinada y evaluamos cuidadosamente cada emisor, su vencimiento y la estructura de cada bono.

En determinadas estrategias investment grade contamos además con cierta flexibilidad para incorporar una exposición limitada a high yield cuando consideramos que la relación entre riesgo y rentabilidad lo justifica.

También podemos utilizar futuros, derivados o índices de credit default swaps para ajustar de forma táctica el riesgo y reaccionar con rapidez cuando aparecen oportunidades durante periodos de volatilidad.

La clave, sin embargo, sigue siendo la misma: selección y disciplina.

En high yield, la selección importa todavía más

Esta filosofía se extiende también al crédito high yield de duraciones cortas, aunque aquí el análisis debe ser todavía más exigente.

Nuestro objetivo es tratar de capturar una parte significativa de la rentabilidad potencial del mercado europeo de high yield limitando al mismo tiempo la volatilidad.

Para ello prestamos especial atención a la capacidad de las compañías para generar flujo de caja, su liquidez disponible, la solidez de sus balances y las condiciones financieras asociadas a su deuda.

En un entorno económico incierto, no basta con fijarse en el cupón que ofrece un bono. Hay que preguntarse qué capacidad tiene realmente la compañía para devolverlo.

Esa diferencia resulta fundamental.

¿Qué papel pueden desempeñar las duraciones cortas en una cartera?

Para muchos inversores, estas estrategias pueden servir en primer lugar para gestionar sus necesidades de liquidez y reducir la exposición a movimientos bruscos de los tipos.

Pero creemos que su utilidad va más allá.

El crédito europeo de duraciones cortas puede ocupar un espacio interesante entre dos necesidades que a menudo parecen difíciles de reconciliar: buscar estabilidad y mantener potencial de generación de rentas.

La incertidumbre sobre tipos, inflación o geopolítica probablemente no desaparecerá pronto. Intentar predecir cada movimiento del mercado puede ser una estrategia poco agradecida.

La alternativa es construir carteras capaces de convivir mejor con esa incertidumbre.

Y ahí reside, en mi opinión, uno de los principales atractivos de la corta duración: no se trata simplemente de asumir menos riesgo de tipos. Se trata de utilizar un universo amplio, líquido y diversificado para buscar rentabilidad de forma selectiva, manteniendo al mismo tiempo un control riguroso del riesgo.

Menos duración no tiene por qué significar menos oportunidades.

¿Quieres profundizar? 

Este artículo recoge algunas de las principales ideas analizadas en un episodio del podcast Talking Heads dedicado al crédito europeo de duraciones cortas.

En la conversación profundizamos en el comportamiento de estas estrategias ante los movimientos de los tipos de interés, los niveles de rentabilidad que ofrece actualmente el mercado, la importancia de la liquidez y el papel que desempeñan la selección de sectores y emisores en la generación de resultados.

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