Ante el creciente volumen de bonos verdes, la Unión Europea (UE) ha acordado la creación de una nueva normativa conocida como Estándar Europeo de Bonos Verdes (EUGBS, por sus siglas en inglés), que constituye un paso positivo desde el punto de vista de la transparencia y la comunicación de información. La nueva normativa entrará en vigor a finales de 2024.
A partir de ahora, los emisores de bonos tendrán que garantizar que al menos el 85% de las actividades económicas financiadas por un bono verde se ajustan a la taxonomía de actividades sostenibles de la UE.
Antes de analizarlos más de cerca, vamos a resumir qué son los bonos verdes y para qué se utilizan los fondos recaudados. Los bonos verdes se utilizan para financiar o refinanciar proyectos que contribuyen a la transición ecológica. En nuestra opinión, constituyen un vehículo esencial para financiar el cambio que se necesita para lograr una economía más sostenible.
El mercado de los bonos verdes ha crecido con rapidez: en 2022 se emitieron bonos con la clasificación de bonos verdes por valor de 63.400 millones de dólares. Según la Iniciativa de Bonos Climáticos, esta cifra equivale al 5% de la emisión del mercado mundial de bonos.
Los bonos verdes forman parte del mercado de bonos con certificación de sostenibilidad, que puede dividirse en tres tipos de instrumentos en lo que respecta al uso de los fondos:
- Los bonos verdes financian proyectos nuevos y existentes que generan un impacto medioambiental positivo. Entre estos proyectos destacan los relacionados con las energías renovables, el transporte limpio, la construcción de edificios ecológicos y la gestión eficiente del agua.
- Los bonos sociales financian proyectos sociales que tienen como objetivo alcanzar un resultado social positivo o abordar problemas sociales. Suelen tratar de ayudar a las comunidades marginadas, a los pobres o a los discapacitados con inversiones en viviendas asequibles, seguridad alimentaria y mejora del acceso a los servicios sanitarios.
- Los bonos de sostenibilidad financian proyectos que incluyen tanto actividades ecológicas como sociales.
Corrección de incoherencias
Las normas que rigen los bonos verdes están ahora reguladas por una serie de organismos de carácter voluntario, y cada uno de ellos prioriza diferentes aspectos de la sostenibilidad, por lo que existe cierta confusión sobre cómo de verde es un bono verde y sobre si resulta realmente adecuado para las carteras relacionadas con la sostenibilidad.
Desde el lanzamiento del primer bono verde europeo en 2007, las definiciones, las normas y los objetivos han ido evolucionando, alejándose a menudo de la sostenibilidad. Por ejemplo, la Iniciativa de Bonos Climáticos señala que el 38% de la emisión de bonos verdes chinos no cumplían en 2020 la definición de bono verde, porcentaje que ascendía al 44% en 2019.
La UE interviene para paliar esta brecha normativa y otorgar credibilidad a un sistema complejo. Cabe señalar que, a pesar de las presiones para que las nuevas normas tengan carácter obligatorio en la UE, seguirán siendo voluntarias y solo se aplicarán a aquellas emisiones que deseen obtener el sello EUGBS.
Cumplimiento de la taxonomía
Lo que distinguirá al EUGBS será su enfoque en la divulgación, la diligencia debida y la transparencia: exige una rigurosa adecuación a la taxonomía de la UE y sus seis objetivos medioambientales para las actividades sostenibles:
- Mitigación del cambio climático
- Adaptación al cambio climático
- Uso sostenible y protección de los recursos hídricos y marinos
- Economía circular
- Control de la contaminación
- Biodiversidad
Los emisores de los bonos deben ofrecer información exhaustiva sobre el uso de los fondos y demostrar que se ajustan a la taxonomía. También se exige información sobre cómo ayudará la inversión a la transición hacia la sostenibilidad, para evitar que las inversiones verdes se vean contrarrestadas con inversiones no sostenibles en otros ámbitos.
También se incluye una «bolsa de flexibilidad», que permite que el 15% de los fondos se destinen a actividades económicas que se ajustan a los objetivos de la UE, pero no a la taxonomía, lo que deja un cierto margen para aquellas actividades que puedan surgir como sostenibles en los próximos años. En otras palabras, los inversores pueden financiar proyectos innovadores antes de que se apruebe legislación al respecto, por ejemplo, en el ámbito de la bioagricultura.
Dado el ritmo al que se actualizan las actividades sostenibles de la taxonomía, a los emisores de bonos les puede tranquilizar el hecho de que se aplique a ciertos bonos ya emitidos la llamada «cláusula de derechos adquiridos», en virtud de la cual una norma antigua sigue aplicándose a las situaciones existentes mientras que la nueva norma se aplica a las situaciones nuevas. Esto garantiza que los emisores puedan seguir utilizando el sello EUGBS en determinadas condiciones, aunque cambien los criterios de la taxonomía.
Mayor transparencia
Según el régimen propuesto, la verificación previa y posterior a la emisión y los informes numéricos sobre cuestiones relacionadas con la taxonomía tienen carácter obligatorio. Los revisará un organismo independiente que se encargará de evaluar si un bono puede considerarse un bono verde y de declarar los posibles conflictos de intereses. Las revisiones previas y posteriores a la emisión se publicarán de manera gratuita por internet para aumentar la transparencia.
Para obtener el sello EUGBS, un bono verde ha de adherirse a este marco de actuación. Sin embargo, existe la preocupación de que la facilidad de uso de las nuevas normas ahuyente a los emisores que tengan dificultades para demostrar que el 85% de sus actividades se ajusta a la taxonomía de la UE. Por otro lado, se espera que ciertas empresas como las de líneas ferroviarias electrificadas o las de energías renovables sean de las primeras en adoptar esta nueva normativa, ya que pueden ajustar fácilmente sus actividades a los seis objetivos medioambientales de la UE.
En nuestra opinión, el EUGBS aportará más transparencia al mercado de bonos verdes y contribuirá a combatir el blanqueo ecológico. El sello EUGBS debería aumentar la credibilidad de este segmento. Se espera que los emisores no europeos se animen a adoptar este estándar como marco de referencia para sus bonos verdes.
La propia UE se propone como objetivo convertir al EUGBS en el criterio de referencia con reconocimiento mundial para acabar con las incoherencias existentes en las normas que rigen actualmente los bonos verdes.
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