El reto de la soberanía: oportunidades de inversión en un mundo fragmentado

  • En un contexto de aumento y mayor complejidad de las tensiones geopolíticas, los países que dan prioridad a la soberanía y a la solidez industrial están mejor posicionados para hacer frente a las crisis y registrar crecimiento en el futuro

  • En un mundo cada vez más fragmentado, los acuerdos estratégicos y las alianzas sectoriales son vitales para reducir el riesgo y acceder a las potenciales oportunidades de inversión

  • La convergencia de cambios geopolíticos, innovación tecnológica y compromisos climáticos ofrece una importante oportunidad para que los inversores puedan construir carteras multitemáticas con gran capacidad de resistencia  


En una época marcada por la inestabilidad geopolítica, la transformación tecnológica y la fragmentación económica, el panorama inversor está experimentando profundos cambios.

Las reglas del juego geopolítico se están reescribiendo en tiempo real. Los postulados tradicionales de cooperación mundial y estabilidad multilateral están dando paso a un nuevo paradigma.

El contexto político está cada vez más polarizado en todo el mundo, y los riesgos a los que se enfrentan las cadenas de suministro y la mayor complejidad de las políticas comerciales están llevando a los distintos países a abandonar el concepto de globalización.

Para los inversores a largo plazo resulta vital entender estas dinámicas, no solo para gestionar los riesgos relacionados con ellas, sino también para aprovechar las oportunidades que ofrece el nuevo contexto.

La cuestión de la soberanía

La soberanía no es solo un concepto político: es un factor fundamental a la hora de tomar decisiones de inversión. Los países cada vez son más conscientes de que el control de los recursos, las infraestructuras y la tecnología resulta esencial para hacer frente a los factores externos y salvaguardar la estabilidad económica. Este cambio de prioridades afecta a todos los ámbitos, desde la seguridad energética a la capacidad de resistencia de las cadenas de suministro.

Para los inversores, la estabilidad soberana debería traducirse en un entorno de inversión fiable y en unos marcos normativos predecibles. Los países que dan prioridad a la soberanía están realizando fuertes inversiones en industrias nacionales como la energía renovable, los minerales críticos y la fabricación avanzada con el fin de reducir su dependencia de las cadenas mundiales de suministro, que tienen un comportamiento más volátil.

El sector de la defensa es un componente clave de la soberanía. En la actualidad, el mundo está inmerso en un superciclo de defensa. Europa está movilizando más de 1,8 billones de euros para reforzar su autonomía estratégica en los ámbitos de la defensa, la energía y la seguridad. El gasto final podría superar los 3 billones de euros1.

Estados Unidos también está aumentando su gasto en defensa, al igual que muchos países asiáticos, debido al cambio que se está produciendo en el orden mundial.

En lo que respecta a la seguridad energética, o a la seguridad en general, la tecnología desempeña un papel fundamental. En este sentido, la inteligencia artificial se ha convertido en una pieza clave en términos geopolíticos, con una enorme importancia económica y militar.  

Por su parte, la Comisión Europea ha puesto en marcha un paquete de soberanía tecnológica, compuesto por una serie de medidas destinadas a reforzar la capacidad del bloque en ciertos ámbitos como los semiconductores, la inteligencia artificial y la computación en la nube2.

Las medidas que se están tomando en todo el mundo pueden ofrecer oportunidades a aquellos inversores que se muestran dispuestos a respaldar proyectos de infraestructuras en una amplia variedad de áreas estratégicas, como la tecnología y la generación de energía limpia.  

Valor a largo plazo y motor de crecimiento

Los gobiernos necesitan aliados en los que puedan confiar para garantizar el crecimiento y la estabilidad. Las decisiones que afectan a la soberanía influyen en la estabilidad de los mercados. Aquellos países que se centran en lograr la autosuficiencia y la autonomía estratégica tienden a mostrar una mayor capacidad de resistencia en episodios de crisis geopolíticas, lo que podría ofrecer un entorno más seguro para la asignación de capital.

Aunque los días del multilateralismo indiscutible han quedado atrás, las alianzas (bilaterales, regionales o sectoriales) siguen siendo de vital importancia. En un entorno geopolítico fracturado, la colaboración se convierte en una herramienta para mitigar riesgos y maximizar oportunidades.

Para los inversores, todo ello se traduce en la búsqueda de oportunidades allí donde están surgiendo alianzas estratégicas en torno a sectores esenciales: energía, defensa, infraestructura digital y minerales críticos.

Por ejemplo, las relaciones de colaboración que se están forjando en Asia, como las medidas de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental destinadas a mejorar la conectividad de la red y el intercambio de recursos, ponen de manifiesto cómo las alianzas pueden impulsar la estabilidad y el crecimiento3.

Las inversiones que respaldan infraestructuras transfronterizas, sociedades conjuntas e iniciativas de transferencia tecnológica son cada vez más atractivas. Ofrecen ventajas de diversificación y contribuyen a repartir los riesgos geopolíticos, al tiempo que posicionan a los inversores en la vanguardia de la innovación y la integración regional.

Una capacidad industrial sólida es fundamental para el crecimiento y la capacidad de resistencia de la economía. La pandemia y las recientes tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto la fragilidad de las cadenas mundiales de suministro, especialmente en sectores críticos como los semiconductores.

Ello ha hecho que los países y las empresas hayan empezado a invertir cada vez más en la producción nacional, la diversificación de las cadenas de suministro y la innovación tecnológica.

Esta tendencia crea oportunidades de inversión en distintos sectores, como en el energético, en el que la energía solar, las turbinas eólicas, el almacenamiento de energía y las infraestructuras son elementos clave tanto para la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono como para la capacidad de resistencia económica. Estos sectores se ven favorecidos por la reducción de los costes, la aplicación de políticas favorables y el aumento de la demanda mundial, lo que los posiciona como motores de crecimiento a largo plazo.

Potencial a largo plazo

Una política eficaz resulta fundamental para desarrollar todo el potencial de la soberanía y la capacidad industrial. Los marcos políticos a largo plazo que incentivan la innovación, protegen la inversión y garantizan la estabilidad normativa son esenciales para lograr un crecimiento sostenible.

Para los inversores, todo esto pone de manifiesto la importancia de entablar un diálogo activo con los responsables políticos y de respaldar aquellas políticas que promuevan la energía limpia, la capacidad de resistencia de las cadenas de suministro y la innovación tecnológica.

El entorno actual está marcado por numerosas incertidumbres a corto plazo, pero también hay muchas oportunidades para los inversores a largo plazo.

La convergencia de cambios geopolíticos, innovación tecnológica e imperativos climáticos sienta las bases para construir carteras con capacidad de resistencia y elevado crecimiento.

Los inversores deberían dar prioridad a los activos que refuerzan la soberanía, como las infraestructuras nacionales de energías renovables, las cadenas de suministro de minerales críticos y la fabricación avanzada.

En un mundo cada vez más fragmentado, la soberanía, la capacidad industrial y las alianzas estratégicas son los pilares de la estabilidad y el crecimiento. Para los inversores, ello implica desplazar el foco desde los modelos tradicional y globalizados a un enfoque más matizado que haga especial énfasis en la capacidad de resistencia, la cooperación regional y la creación de valor a largo plazo.

En última instancia, la geopolítica es una megatendencia que exige saber moverse en un contexto político y macroeconómico en constante evolución, y, en nuestra opinión, ofrece numerosas oportunidades de inversión.

La energía limpia, la infraestructura digital y la seguridad de los recursos no son solo cuestiones geopolíticas o medioambientales, sino también áreas críticas de inversión. En nuestra opinión, aquellos que reconozcan este cambio y actúen con decisión estarán mejor posicionados para beneficiarse del próximo capítulo de transformación de la economía mundial.

[1] Comisión de la Unión Europea  

[2] Commission proposes tech sovereignty package to strengthen Europe’s digital autonomy and resilience

[3] ASEAN Power Grid:Accelerating the region’s energy transition | ESCAP

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