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Ideas de inversión | Artículo - 5 Min

La solidez y diversidad de la deuda de infraestructura

Daniel Morris
2 Autores - Ideas de inversión
14/04/2023 · 5 Min

Para aquellos inversores que desean percibir rentas estables a largo plazo a partir de una clase de activos amplia y diversa, la deuda europea de infraestructura puede ser una buena solución. Se trata de una clase de activo que ha mostrado su solidez tanto en tiempos de crisis, como ocurrió durante la pandemia, como a lo largo de los distintos ciclos económicos. ¿Cuál es el secreto? Las infraestructuras prestan servicios que se demandan en cualquier coyuntura económica.  

Tipos de interés, costes de los proyectos y rentabilidad 

Prevemos que el crecimiento perderá algo de fuelle en 2023. Europa podría acusar los efectos de una contracción de la economía estadounidense. En paralelo, creemos que el Banco Central Europeo considerará necesario mantener los tipos de interés en niveles elevados para ralentizar la demanda y contener así la inflación. 

Unos tipos de interés más alto no solo implican unos mayores costes de financiación de los proyectos de infraestructuras, sino que también modifican el atractivo relativo de las inversiones. 

La brecha entre la rentabilidad por dividendo de la renta variable de la eurozona (según el índice MSCI EUM) y los rendimientos de la deuda pública alemana a diez años se ha estrechado hasta niveles que no veíamos desde 2010, lo que indica que se ha producido una revaluación que también se da en los activos alternativos de renta fija, como la deuda de infraestructura. 

Sólidas características de la deuda de infraestructura

Dejando a un lado las repercusiones económicas de la guerra de Ucrania, la actitud de los gobiernos y de la sociedad hacia la seguridad energética ha cambiado. En la actualidad, las denominadas «energías verdes» cuentan con un mayor respaldo. Los responsables políticos han priorizado la energía solar y eólica, así como el hidrógeno verde. Este énfasis debería impulsar la demanda de infraestructuras (verdes) esenciales, lo que pone de manifiesto los sólidos fundamentales de la deuda de infraestructura. 

Los bonos de infraestructura se benefician de una dinámica a más largo plazo. La demanda de servicios de infraestructuras (lo que incluye la electricidad, el agua, las telecomunicaciones y el transporte) es relativamente rígida, lo que implica que ni las subidas de precios ni las crisis económicas conllevan caídas significativas de la demanda. Esta falta de ciclicidad también se refleja en los bonos de infraestructura. 

Además, los precios de los servicios de infraestructuras suelen estar indexados. Por tanto, la inversión en infraestructuras puede considerarse como una cobertura práctica contra la inflación (véase el gráfico 1). También cabe destacar que los bonos de infraestructura suelen tener cupones a tipo variable que se ajustan en función de la evolución del mercado. Esta característica hace que el valor que presenta este tipo de deuda sea aún más estable. 

Otro de los rasgos distintivos de esta clase de activo es que muchos proveedores de servicios cuentan con el monopolio de su mercado, a lo que se suman las elevadas barreras de entrada para las empresas de la competencia. A título de ejemplo, una autopista entre ciudades suele ser suficiente para asegurar la conexión, lo que otorga a la empresa que opera los peajes el monopolio de ese tramo de carretera.

Oportunidades de inversión atractivas

La descarbonización de las infraestructuras constituye un ámbito clave para ayudar a los gobiernos a cumplir sus objetivos de cero emisiones netas. Este proceso abarca las estaciones de carga de vehículos, la electrificación del transporte ferroviario y la movilidad verde.

La demanda de electricidad está aumentando de forma inexorable, especialmente en lo que respecta a la electricidad verde. Observamos un mayor número de operaciones de financiación en ámbitos como el biogás, la energía distribuida, la eficiencia energética y el reciclaje.

El aumento de la generación de energía renovable, así como de la producción de energía solar distribuida y de hidrógeno verde, implica invertir en redes inteligentes y modernizar las redes de transmisión. 

También observamos un flujo regular de oportunidades en el sector de las infraestructuras sanitarias, que se ha visto impulsado por la demanda surgida tras la pandemia y por la escasez de fondos públicos. La economía del futuro experimentará cambios demográficos de gran calado. El aumento de la migración desde las zonas rurales a las ciudades y el envejecimiento de la población impulsarán la demanda de servicios como la atención sanitaria o los centros de día, o el despliegue de redes de fibra de vidrio en las zonas rurales.

Ahora más que nunca, los inversores no solo se centran en la rentabilidad de sus inversiones, sino también en su impacto, lo que les lleva a financiar proyectos que redundan en beneficio del medioambiente o de las comunidades locales. En este sentido, los proyectos de energías renovables constituyen un objetivo evidente para los inversores. Entre las dificultades a las que hay que hacer frente, cabe citar la medición del impacto de un proyecto determinado y la permanente evolución del marco normativo. 

La emisión de deuda ha aumentado de forma constante en un contexto tanto de construcción de nuevas infraestructuras para mantener el ritmo de los avances tecnológicos como de modernización de las infraestructuras actuales. Este mercado amplio y diverso fue escenario de operaciones por valor de aproximadamente 310.000 millones de euros en 2021 (últimos datos disponibles), y el 70% estuvieron financiadas con deuda[1]. 

Valoraciones de la deuda de infraestructura

La competencia y los abundantes niveles de liquidez han ejercido presión sobre los precios. Hemos observado ciertos ajustes de precios en sectores como los de tecnología digital y energía. La escasez de materiales para realizar proyectos nuevos o la ausencia de capital suficiente para llevar a cabo proyectos de energía renovable podrían afectar a los planes de negocio. Sin embargo, el capital disponible para invertir en manos de los inversores institucionales, que según las estimaciones asciende a 330.000 millones de dólares, respalda el mercado[2]. En nuestra opinión, esto debería mantener las valoraciones en niveles estables.

Hemos asistido a un periodo de cinco años de gran solidez en términos de captación de fondos, y 2022 ha batido récords en lo que respecta a la captación de capital para proyectos de infraestructuras. Los planes de asignación de activos de los inversores determinarán hasta qué punto se mantiene esta tendencia. Durante periodos de elevada volatilidad e incertidumbre en el mercado, las inversiones suelen canalizarse, por un lado, hacia activos de elevada calidad con un perfil defensivo y, por el otro, hacia oportunidades que ofrecen un elevado rendimiento y han experimentado un ajuste de precios.

Los mercados de deuda de infraestructuras europea ofrecen ambas posibilidades.

Podemos encontrar deuda senior de grado de inversión[3] con un rendimiento cercano al 5%. La reducida volatilidad y la existencia de bonos centrados en proyectos con sesgo medioambiental, social y de buen gobierno (ESG, por sus siglas en inglés) constituyen otras características que merece la pena mencionar. Asimismo, este segmento ofrece diversificación frente a la deuda corporativa tradicional. 

Los inversores que busquen rendimientos más elevados pueden obtener rentabilidades absolutas cercanas a las de la renta variable mediante la deuda de infraestructura subordinada. 

Perspectivas del mercado 

En los mercados no cotizados, las infraestructuras constituyen el segundo ámbito de mayor crecimiento en términos de activos gestionados de inversores minoristas e institucionales. El proveedor de datos Preqin pronostica un crecimiento anual compuesto superior al 13% hasta 2027. La cartera de proyectos está especialmente repleta de proyectos de energías renovables. Seguramente asistiremos a más operaciones centradas en las infraestructuras de telecomunicaciones digitales, en vista de la necesidad de disponer de torres de telecomunicaciones y centros de datos.

A la luz de las necesidades sostenidas de inversión en infraestructuras y de la demanda por parte de los inversores de una clase de activo estable que ofrezca rendimientos atractivos, creemos que la deuda de infraestructura tiene por delante un futuro prometedor. 

[1] Infranews & Inframation, octubre de 2022  

[2] Preqin, diciembre de 2022  

[3] Calificación equivalente basada en calificaciones internas 

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Riesgo de inversión en cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG): La falta de definiciones y etiquetas comunes o estandarizadas que integren los criterios ESG y de sostenibilidad en el ámbito de la Unión Europea puede dar lugar a diferentes enfoques por parte de las gestoras a la hora de establecer objetivos en materia de ESG. Además, puede dificultar la tarea de comparar estrategias que integren dichos criterios ESG y de sostenibilidad, ya que la selección y las ponderaciones utilizadas para elegir las inversiones pueden estar basadas en indicadores con el mismo nombre, pero con significados subyacentes diferentes. A la hora de evaluar un título determinado sobre la base de los criterios ESG y de sostenibilidad, la Gestora de Inversiones puede también recurrir a fuentes de datos ofrecidas por proveedores externos de análisis ESG. Dada la naturaleza dinámica de las cuestiones ESG, es posible que estas fuentes de datos estén incompletas, sean imprecisas o no estén disponibles. La aplicación de normas de conducta empresarial responsables al proceso de inversión puede llevar a la exclusión de los títulos emitidos por determinados emisores. Por lo tanto, la rentabilidad (del Subfondo) puede ser en ocasiones mejor o peor que la rentabilidad de los fondos comparables que no aplican dichas normas.
Los activos privados son oportunidades de inversión no disponibles a través de mercados cotizados como por ejemplo las bolsas de valores de renta variable. Permiten a los inversores beneficiarse directamente a temas de inversión a largo plazo y pueden brindarles acceso a sectores especializados como infraestructura, inmobiliario, private equity y otros alternativos difícilmente disponibles a través de medios tradicionales. No obstante, los activos no cotizados requieren un examen minucioso, pues tienden a tener niveles elevados de inversión mínima y pueden ser complejos e ilíquidos.

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